Va’eira — 2027-01-08

Para el 8 de enero de 2027

Porción de la Torá: Va’eira (Y Yo aparecí)

Lectura de la Torá: Éxodo 6:2-9:35

Haftará: Ezequiel 28:25-29:21

En la lectura de la Torá de esta semana, encontramos un mensaje de aliento para quienes se sienten inadecuados delante de D-os. La verdad es que cada persona, lo sepa o no, es inadecuada para servir a D-os. Lo importante es recordar que HaShem quiere usarlo a usted. Piénselo de esta manera: un gran tenista puede hacer grandes cosas con una raqueta de tenis que no es tan buena. El hombre es solo la raqueta; D-os es Quien en realidad realiza la obra. Una vez que usted y yo comprendamos que el resultado depende del D-os soberano y no de nuestra habilidad, entonces nuestra insuficiencia dejará de ser el problema.


Anteriormente en el libro de Éxodo, el lector aprende que Moisés no quiere ser aquel a quien HaShem use para sacar a los Hijos de Israel de Egipto. Una vez más Moisés objeta y le “recuerda” a D-os que él no es apropiado para realizar la tarea a la cual HaShem lo está llamando. ¿Por qué es esto? Moisés no quiere ir a hablar con el Faraón porque tiene labios incircuncisos. Moisés declara delante de HaShem,


“…he aquí, yo soy incircunciso de labios, ¿cómo, pues, me ha de oír Faraón?” Éxodo 6:30


Moisés necesitaba aprender que el poder residía en las palabras que se le ordenó hablar, y no en quien simplemente las pronunciaba. En otras palabras, la verdad tiene un poder ungido que no puede ser obstaculizado ni siquiera por alguien que no es elocuente al hablar. Asimismo, aquellos que hablan de manera impresionante, que tienen un gran dominio del idioma y una voz agradable al oído, no pueden compensar la falta de contenido espiritual. Preferiría escuchar a alguien tropezar al recitar Juan 3:16 que escuchar al mejor orador recitar la presentación más inteligente sobre el cambio climático o la teoría de la evolución del hombre.


Recuerde las palabras de Pablo, quien dijo que no fue enviado a predicar el Evangelio según la sabiduría humana ni de manera elocuente, para que la Cruz no se hiciera vana (véase 1 Corintios 1:17).


La próxima vez que sienta que Yeshúa lo está llamando a hacer algo, no se pregunte: “¿Estoy a la altura de la tarea?”; más bien, asegúrese de estar escuchando Su voz. Si es así, Él suplirá lo que le falte; todo lo que usted necesita traer es un espíritu obediente mezclado con mucha oración.